Autoorganización, autogestión, autodeterminación
es un artículo del miembro de la RED VASCA ROJA Iñaki Gil de San Vicente publicado en GARA el 3 de mayo de 2002.
Iñaki Gil de San
Vicente
Autoorganización,
autogestión, autodeterminación
Grabemos a fuego estos tres
conceptos en nuestra práctica y en nuestra teoría porque serán aún
más decisivos en nuestro futuro que lo que han sido en el pasado y
lo son en el presente. Miremos por donde miremos, todos los grandes
y pequeños pasos que nuestro pueblo ha ido dando desde, por poner
una fecha, finales de 1950 han estado directamente relacionados con
la autoorganización, en primer lugar, e inmediatamente después, con
la autogestión y la autodeterminación. Naturalmente, aquí empleo
estos conceptos desde y para una teoría antagónica a la oficial, a
la patriarcal, española y burguesa. Por autoorganización se entiende
la capacidad de la gente de crear organizaciones y colectivos de
defensa de sus intereses independientes de los instrumentos de
control directo e indirecto del poder. Los oprimidos, quienes
fueren, se organizan a sí mismos, ellos se liberan a sí mismos. Esta
auto-organización ha sido y es una práctica muy asentada en nuestro
pueblo. Tanto bajo la dictadura franquista como bajo el sistema
antidemocrático actual, solamente la autoorganización popular y
social ha permitido a nuestro pueblo crear y dotarse de sus propias
e independientes organizaciones, movimientos, colectivos, grupos,
etc. Y una de las obsesiones de las fuerzas regionalistas,
estatutistas y estatalistas desde mediados de 1970 fue y es la de
integrar o destruir esta independencia organizativa. Conocemos de
sobra, por haberlas padecido desde hace dos décadas, la inmensa masa
de prohibiciones, presiones, intentos de ahogo económico y legal,
chantajes de todo tipo, etc., que han sufrido prácticamente todas
las prácticas de autoorganización, desde las fiestas populares hasta
los colectivos políticos.
Una de las virtudes de la
autoorganización es que lleva en su código genético la necesidad de
desarrollar la autogestión en todo lo que organiza. La autogestión
como proceso, desde la ayuda mutua hasta el consejismo, pasando por
la autoadministración, la cooperación, el control obrero y popular,
etc., sólo es viable a la larga si, además de otras cuestiones, ha
nacido y crecido mediante la autoorganización de los colectivos
implicados en ella. Es muy difícil, por no decir imposible, que la
autogestión concreta o generalizada se sostenga sin la experiencia
crítica y creativa que genera la autoorganización, sin ese vital
espíritu de independencia frente al poder que le caracteriza. La
experiencia no solamente vasca sino mundial así lo demuestra. Y del
mismo modo en que el poder ha intentado e intenta destruir o
integrar la autoorganización, también hace lo mismo contra la
autogestión y sus diversas formas particulares. La amarga
experiencia del cooperativismo neutro e interclasista es uno de
tantos ejemplos. En sentido general, la autogestión significa la
capacidad de las personas para administrar ellas mismas los
colectivos que ellas mismas han organizado.
Una de las virtudes de
la autogestión es que lleva en su código genético la necesidad de
desarrollar la autodeterminación permanente del colectivo que se
autogestiona. La autogestión se caracteriza por la decidida voluntad
de sus miembros para administrar ellos mismos sus cosas, para no
ceder su ejercicio de decisión libre y consciente a un poder
exterior y extraño. Nuestra experiencia y la de todos los pueblos
trabajadores que han luchado por su liberación, muestra que la
autogestión en su sentido pleno y radical, socialista, y al margen
de sus grados y niveles concretos de plasmación y desarrollo, fluye
naturalmente hacia un proceso más amplio de autodeterminación
colectiva e individual. No puede ser de otro modo, ya que la
autodeteminación no es sino el nivel más consciente y vital de la
práctica de decidir por uno mismo, trátese de un colectivo y/o de
una persona, qué es lo que se está auto-gestionando en el presente y
por qué y cómo se va a autogestionar permanentemente en el futuro,
cuando se decida democráticamente esa autodeterminación en su forma
más consecuente y lógica, la independencia nacional en un marco de
democracia socialista y de extinción del patriarcado.
Vemos que
existe, pues, una relación dialéctica interna entre la
auotoorganización, la autogestión y la autodeterminación. Es tan
obvia e inocultable que también la ven, la vio desde su mismo
origen, el poder dominante. Los esfuerzos de éste por romper dicha
relación dialéctica no vienen únicamente del peligro insoportable
que para sus intereses de explotación y expoliación supone el
proceso entero sino, además, del hecho igualmente innegable que tal
dialéctica no es totalmente espontánea e invertebrada. Por el
contrario. Si algo ha enseñando la tremenda experiencia colectiva
acumulada desde el primer tercio del siglo XIX, cuando apareció la
lucha obrera y popular contra el capitalismo, es la necesidad de que
en el interior de la autorganización exista una teoría práctica de
la organización emancipadora, de que en el interior de la
autogestión exista una teoría práctica de la gestión socialista y de
que en el interior de la autodeterminación exista una teoría
práctica de la determinación independentista. Esta experiencia
también se ha confirmado en Euskal Herria. Definitivamente, como
prueba del algodón, la efectividad de dicha relación interna queda
confirmada por la desesperada insistencia que hacen las fuerzas
represivas para destruir a los colectivos organizados que están en
permanente dialéctica interna con la autoorganización, la
autogestión y la autodeterminación. Todas las doctrinas represivas y
contrainsurgentes, así como todas las teorías revolucionarias, saben
que cuanto más estrecha, ágil y viva es la dialéctica entre la
práctica organizada y la autoorganizada, más débiles son los
resultados últimos de la represión en todas sus formas y maneras de
plasmazrse.
Pues bien, si debemos grabar a fuego en nuestra praxis
diaria los tres conceptos es porque son básicos para, de un lado,
derrotar a la represión española desde una estrategia ofensiva,
creativa y constructiva, no retrocediendo al defensismo pasivo de la
tortuga; de otro lado, superar la reiterada traición del PNV-EA y
volver a tejer en las calles, fábricas, escuelas, las redes y los
nudos de la construcción soberanista vasca; además, multiplicar las
bases materiales de una Euskal Herria realmente democrática,
autocentrada y consciente de sus recursos y necesidades para
resistir a las fuerzas destructoras y disolventes del capitalismo
actual, caracterizado por llevar al extremo la absorción de todo lo
cualitativo, identitario y humano en la máquina alienadora del
mercado y del beneficio burgués; y, último, aumentar la tan
necesaria solidaridad internacionalista con los pueblos que también
se autoorganizan para aumentar la autogestión de su vida y lograr su
autodeterminación su independencia en un mundo sometido a
la ciega y férrea uniformidad del imperialismo. A simple vista,
parece una salida desesperada, cuando en modo alguno es así. Todo lo
contrario. Tras decenios de lucha y autoorganización en cuanto
proceso que tiende a la autodeterminación mediante la autogestión
generalizada, nuestro pueblo se ha dotado no sólo de colectivos
enraizados en nuestra identidad, sino también de una fértil praxis
popular autocrítica y consciente de la urgencia de masificar,
socializar, extender y ampliar la dialéctica entre la organización y
la autoorganización. Por eso venceremos. -